Los animales guardianes inmediatamente se alertaron cuando se dieron cuenta de mi presencia:

Pero como vi unos guajolotes en pleno cortejo, pues me detuve a tomarles fotos:

La hembra andaba ahí, rondándolos y alentándolos:



Haciendo que ellos se esponjaran y lanzaran amenazas por doquier:


Con todo y tanta acción, la hembra mejor se retiró a satisfacer otras necesidades primarias:

Pese al desaire, los machos no detuvieron su escarceo:



Y aquí yo digo que, tratándose de animales, uno esperaría que la moraleja se diese en forma natural, casi espontánea pero, al menos a mí, no se me ocurrió ninguna.
Y aparentemente tampoco a los animales guardianes:

O será que la moraleja es que Esopo y La Fontaine siempre se encontraban con bichos bien platicadores.
RRS