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17/2/13

Hacienda El Oro

 
Ahora quiero presentar las fotografías correspondientes a la Hacienda “El Oro”. Puede considerarse como la continuación de lo de la presa que presenté en la entrada anterior, y se relaciona con el pueblo minero “El Rosario”, o “Las Gallinas”, que presente aquí.

Pienso que puede decirse que en buena medida la actividad económica que se desarrolló en torno a la hacienda es lo que da origen al poblado. Creo que ya he escrito que en tiempos de las misiones se inicia como zona para el pastoreo del ganado de la misión de Todos Santos, que está en el litoral del Pacífico.

En la coyuntura del debilitamiento del régimen de los misioneros jesuitas, aunado a que se habían encontrado yacimientos de mineral en esa zona (plata  y oro), la minería pasó a ser una actividad relevante. Es en 1748 que se inicia la secularización de la península con algunos asentamientos externos a las misiones, justamente en esta región.

Hay un libro, el autor es Jorge Luis Amao Manríquez*, en donde se da una relación de los “Propietarios de ranchos ganaderos en la Antigua California”; los datos corresponden al año de 1781. De las 55 personas mencionadas, ocho son en la zona de “El Oro”, lo que da una idea de su importancia relativa.

Como comenté en la entrada previa, en la hacienda también se introdujeron plantas como el agave azul, y se logró producir un mezcal de muy buena calidad, aunque eso ya fue en el siglo XIX.

Por lo que he podido apreciar, en la actualidad al menos dos de esas actividades ya han desaparecido, que son la minería “industrial” y la producción de mezcal. En esta zona la producción agrícola es muy limitada, por lo que es la ganadería extensiva la que aporta algo de recursos a la comunidad.

Bueno, también empiezan a producir algo de artesanía (tejidos de palma y zacate, así como productos de barro); al respecto, de momento nada más les pondré un par de fotos, la segunda es una entrada a la mina (no sé si haya más). Es de baja atura, si acaso 1.4 metros. Yo no me he metido más de 2 metros. A mi me impone mucho, sobre todo porque me parece que a las víboras de cascabel les gusta descansar en esos lugares.




Y sí, les quedo a deber fotografías de un agave azul. No se crean que prosperan con facilidad, a fin de cuentas estas son tierras más áridas que aquellas de donde vienen. Pero voy a buscar alguna planta para tomarle foto y presentarla aquí.

Ahora les presentaré fotos de lo que fue la parte habitada de la hacienda, aquella en que yo entiendo vivían los dueños. Yo la visité por primera vez en el año 2006. Me impresionó mucho su estado de abandono y su sobriedad, sobre todo pensando que fue un sitio que tuvo, proporcionalmente, una considerable actividad económica y fue generador de riqueza. Yo supongo que su esplendor se dio en la segunda mitad del siglo XIX, pero la actividad persistió todavía en el siglo XX.




He regresado a ese lugar varias veces. Me parece que la mejor serie fotográfica que he obtenido es del año 2011, que es lo que ahora les presento.

Primero una vista del acceso, incluyendo del pequeño cementerio a la izquierda.
 



Las que siguen son el aspecto de conjunto. En la parte que separa las dos construcciones parece haber estado la cocina, ya que están los restos de un horno. Seguramente en el pasado también estuvo cubierto. Según nos contó un señor que nos llevó la primera vez, en el cuarto de la izquierda se encontraron una olla con monedas de oro. Vayan ustedes a saber si será cierto.




El interior del edificio es una visión absoluta de soledad. Da la impresión de haber sido extraordinariamente austero. Como pueden ver en la foto de la ventana, sus nuevos guardianes son las avispas.



Sin embargo ese edificio tiene una sorpresa, que es la de tener un nivel inferior. Según nos dijo el mismo señor de la olla con monedas de oro, era el lugar en que estaba la cava del dueño, y donde se almacenaba el mezcal que, según eso, era parte de la paga de los trabajadores del campo y de las minas.


Las que siguen son otras vistas. A la mejor les gustan más; también puede que alcancen a ver algo que yo no noté.




Ahora vienen las fotografías de la parte que actualmente se utiliza de esos terrenos. Yo tengo idea de que los dueños son gente de La Paz, de esas familias que tienen un arraigo de un par de siglos, que por acá es mucho. Por lo que he visto, deben venir muy de vez en cuando, quizás nada más a comer carne asada, burritos y otros platillos muy de por acá. Lo cierto es que nada más hay una especie de cobertizo, varios árboles enormes y una cisterna bastante grande y con agua corriente, que procede de la presa de la entrada anterior (la distancia aproximada entre la hacienda y la presa, siguiendo el curso natural del agua, es de 650 metros).

Aquí les presento un par de fotos del cobertizo:



Según yo, la mayor parte de los árboles enormes son fresnos, que deben haber sido traídos del interior del país, ya que no son nativos.

Aquí están varias  fotos de esa vegetación. Los tumbados y ladeados deben ser víctimas de algún ciclón. El de la tercera foto es una “parota”, también introducida desde el otro lado del Golfo de California.




Lo que es claro es que algunos árboles son bastante viejos. Tengo idea de que esas especies quizás fueron introducidas desde el siglo XIX, ya que en algunas localidades llegan a verse ejemplares muy viejos. Pienso que lo más impresionante, a fin de cuentas, es el efecto del agua, que con tanta facilidad genera micro-ambientes como este.

Las siguientes fotos son de la cisterna, y del huerto de naranjas que está adjunto. Las naranjas son espantosamente ácidas, con una cáscara como de 6 o 7 milímetros de espesor, y con la cantidad de jugo más ínfima que he visto en mi vida. Pero se ven bien bonitas.




Ya casi para acabar, les presento a uno de los guardianes-habitantes de la hacienda, que se encargo de irnos a despedir.
 



¿Realmente está en el abandono todo esto? Me parece que no. 
Quizás no siempre en el sentido idóneo, pero se realizan obras que traen un bienestar, así sea diminuto, en poblados como "El Rosario". Aquí les presentó una foto con su nuevo kiosco. Parece cosa de nada, pero me dicen que en el verano es de lo más agradable irse a sentar ahí.


Espero que alguna de las fotos les haya llamado la atención, y que en alguna medida su imaginación se ponga a hacer elucubraciones sobre estos lugares tan fascinantes.

Saludos.

RRS

  
Amao Manríquez, J. L., 1997. Mineros, misioneros y rancheros de la Antigua California. INAH y Plaza & Valdés (eds.), 168 pp.

25/3/12

Meyibén


Los indígenas Cochimí dividían el año en bimestres, más que en estaciones. Según Miguel del Barco, misionero jesuita que vivió en la península por 30 años en el siglo XVIII, la correspondiente a la segunda mitad de febrero, y hasta mediados de abril, era llamada “Meyibén”. Es la temporada previa a la época más seca del año.

Me parece que en las fotografías, tomadas hace una semana, se puede apreciar lo extraordinariamente reseco que se va poniendo el entorno, pero también el efecto de la humedad que se preserva en algunas cañadas, particularmente aquellas en las que hay afloración de manantiales minúsculos. Sin embargo, aún en zonas alejadas de esos lugares, puede apreciarse la vitalidad de la vegetación xerófila.

No he encontrado el nombre de la cañada, pero va a un costado de un camino de terracería que une dos antiguos pueblos mineros, uno es “El Rosario”, y el otro “San Antonio”.

Para empezar una vista del palmar que se desarrolla en los puntos en que el agua está más cerca de la superficie.


Según yo, la palmera dominante es la que acá llaman "Palma Colorada" o "Palma de Tlaco" (Erythea brandegeei), me gustan por esbeltas y por ser tan altas.

Aquí les presento otras fotos de cuando íbamos bajando y ya estando abajo. Los árboles que se ven son de mango; yo pensaba que eran mangos "silvestres" (es decir, que habían crecido porque alguien había tirado un hueso por ahí), pero la amiga que me acompañaba, y otro cuate que conoce el lugar me dicen que son un huerto.




Si vuelven a ver la primera foto, se darán cuenta de que estar abajo es algo un poco alucinante, ya que en el lecho no hay cactáceas, y llega a haber un dosel vegetal bastante denso. Con decirles que hasta hay plantas trepadoras tipo lianas. Lo que no nos sorprendió tanto fue encontrar pequeñas represas que propician que el agua se retenga en el manto freático, la cual es conducida a través de mangueras de una extensión considerable, por pura gravedad, hasta los ranchos. Miren si no me creen.



Ahora viene una foto de la floración de un mango. A mi amiga le llamó mucho la atención lo sanos que se veían los árboles, que son tan frondosos que tomarles fotografías resulta bastante difícil.


Y ahora un par de habitantes de las penumbras, primero una libélula, y luego una "mulita" (hormiga solitaria que pica bien fuerte).



Cuando volvimos a subir, nos fuimos encontrando nuevamente con la vegetación característica. Primero un colorín de los de acá, también llamado "Corcho" o "Chilicote" (Erythrina flabelliformis).


También vimos un nopal que estaba "echando" pencas nuevas, lo cual me sorprendió mucho, ya que hace meses que no llueve. Miren como se aprecia que los primordios de hojas se transformarán en espinas.


También nos encontramos cardones con fruto, que muy posiblemente eran parte básica de la dieta de los huchití y otros grupos de la zona en esta temporada. La pulpa tiene buen sabor, aunque no es tan abundante como las de las pitayas. Aparentemente el fruto era usado también como peine, de ahí su nombre científico (Pachycereus pecten-aboriginum).


Y sólo por si se ofrece, y porque a mí me gusto mucho, aquí les dejo otra toma del palmar desde lo alto.


Seguimos camino y nos metimos por otra cañada. Después supimos que esa nos llevaba al Rancho "Las Flores", como podrán ver, utiliza parcialmente una construcción que nos dijeron que contaba con más de 300 años. Dudo que sea tan vieja, pero si me creo que fuese del siglo XIX.






Y aquí otra muestra de las cosas que se ven en esos microambientes. Un par de pitayas creciendo sobre el tronco de un mezquite. La verdad es que con el tiempo y tanta paseada ya lo he visto muchas veces en varios lugares, pero también es cierto que no deja de maravillarme su vitalidad y ganas de medrar en cualquier circunstancia.


Ya para acabar, y para que no vayan a decir que eso del distrito minero es pura invención mía, aquí les dejo tres fotos, la primera es el socavón o respiradero de una mina (de lo más peligroso, ya que está a ras del suelo, sin señalamientos y cae casi en vertical). Luego está un avispero que está ahí, como de guardián. Por último es la foto de la chimenea de uno de los varios "beneficios" que hay en la zona. Ya luego les pondré otras fotos más explicativas y lucidoras.




Espero que el paseo les haya gustado.

RRS

29/5/11

Pueblos Mineros I. El Rosario.


Hace relativamente poco, el amigo Sorokin señaló en los comentarios que no conocía que se hubiera practicado la minería de oro en Baja California.

Fue un comentario feliz, ya que eso da pie a empezar a desahogar un tema que había andado rehuyendo, ya que me gusta mucho y quería leer más sobre ello. Pero luego de varios años de sacarle la vuelta, ya es tiempo de empezar a presentar fotos de esos lugares que me gustan tanto, y cuya historia es triste y sumamente interesante.

El lugar que ahora les presento se llama actualmente “El Rosario”, aunque también es conocido como “Las Gallinas”. La “ficha” que colocó el Instituto Nacional de Antropología e Historia a las puertas de su iglesia dice así:

“Originalmente la región de El Rosario estuvo habitada por los indios huchitíes que abarcaban las tierras que se extienden desde las cercanías de Todos Santos hasta las inmediaciones de La Paz. Incluían en sus territorios de recorrido los sitios donde después se fundaron los reales de Santa Ana, San Antonio y el mineral de El Triunfo. La región se pobló después con mineros, gambusinos y pequeños ganaderos que se hicieron de un espacio gracias al laboreo de las minas. El Rosario es conocido también con el nombre de Las Gallinas, debido a que en la segunda mitad del siglo XVIII se encontró en este lugar una pepita de oro con la forma y el tamaño de un huevo de gallina. A mediados del siglo XIX, en 1855, el primer obispo de La Paz, Juan Francisco Escalante, autorizó la construcción de esta capilla que fue bendecida en 1863 y se convirtió en asistencia de la parroquia de San Antonio.
En el interior de este templo se conserva una imagen de Nuestra Señora del Rosario, patrona de esta comunidad. Se trata de una estructura de madera tallada y policromada que data del siglo XIX.”


Con respecto a los huchitíes he leído que eran una rama del grupo “Guaycura”. Sus tierras, además de ser zona de minerales, son una de las pocas en que existen algunos manantiales permanentes en la zona de la Sierra de La Laguna, por lo que la interacción con los conquistadores europeos fue más intensa.

Por ello no es de extrañar que los huchitíes hayan sido el primer grupo indígena que se extinguió en la península durante la ocupación española, lo cual tuvo diversas causas, que van desde las militares (sojuzgar rebeliones) hasta la ausencia de resistencia a las enfermedades europeas. Adicionalmente, el régimen impuesto por los misioneros trastocó desde sus raíces su estilo de vida, que era el de nómadas itinerantes, de tal forma que al forzarlos a asumir cierto grado de sedentarismo, y hacerse dependientes de unos establecimientos misionales que nunca lograron ser autosuficientes, provocaron una merma en su estado general de salud. Según leo, los últimos huchitíes fueron desterrados a la misión de San Javier, situada a unos 300 Km. al NO de sus tierras natales.

Por último, cabe decir que una enorme cantidad de las fotografías que han aparecido aquí, corresponden a la zona que ellos habitaron.

Ya con respecto a “Las Gallinas”, en otro libro me encuentro con que desde 1730 era una estancia de pastoreo del ganado que pertenecía a la misión de Todos Santos.

Sin embargo, a partir de 1748 cuando el andaluz Manuel de Ocio inició la explotación en el Real de Santa Ana (aproximadamente a 50 Km. al SE de La Paz), fundando posteriormente el Real de El Triunfo y el de San Antonio, el área de El Rosario empezó a ser disputada entre los mineros y la misión de Todos Santos con ese fin, aunque por lo que he leído, también se empezó la actividad minera ahí en la década que inició en 1750.

También sé que ahí tuvo su asiento una hacienda que se llamó “El Oro”, y de la cual hablaré posteriormente para no excederme demasiado.

Por ello, en esta ocasión me limitaré a mostrarles algunas fotos de El Rosario, que después de haber tenido cierta importancia en el siglo XIX, pasó a ser un pueblo casi abandonado en el presente, ya que actualmente es visitado más por ser el lugar en el que se encuentra el “Santuario de los Cactos”, que por otra razón.

Primero otra vista de la iglesia, que en la parte posterior tiene una tumba impresionante.







Las que siguen son dos vistas de construcciones que también se encuentran en la plaza del pueblo. Todas las que están a la derecha están abandonadas. Me imagino que eran las tiendas del pueblo.






Aquí algunas vistas de su interior:








La que sigue es del rincón que se ve a la derecha de las fotos de las  casas. Me gusta mucho por esa banca de piedra que está adosada a la pared, me imagino cuánta gente y para qué pláticas se habrán reunido ahí para aprovechar su frescor.


Aquí, otra de las casas antiguas cercanas a la plaza.


Pero las construcciones periféricas son totalmente diferentes, miren:


Pese a que la riqueza se ha ido del lugar, eso no quiere decir que el lugar realmente esté deshabitado. Por su ubicación es el lugar al que concurren a la escuela los niños de las rancherías vecinas; aquí el jardín de niños, está vacío porque era sábado.


Y esta es de la escuela primaria en un día de votación.


Desde hace algunos años el gobierno estatal trata de integrar algunos de estos pueblos a las rutas turísticas, una de las acciones que aplicaron aquí fue la construcción de un kiosco en la plaza. 


Sin embargo a mí me parece que ha sido más importante el llevar algunos talleres para propiciar la elaboración de productos diversos. Yo he sabido de talleres para la elaboración de dulces, que aunque ya se hacían, ahora se pretende mejorar las medidas de higiene. También se de talleres para la elaboración de alebrijes y bolsas. Todo eso es bueno, aunque a mí aún me gusta más la elaboración de artículos tejidos de fibras vegetales, y algo más reciente, que es el trabajo en barro. Sin embargo de eso no tengo fotografías.

Ya por último, dejó fotografías de algunas flores y vainas, nomás para que Carmen no las extrañe. Todas fueron tomadas en el poblado.




Cuando uno se aleja de El Rosario y se voltea, es así como se ve (al fondo se observa la Sierra de la Laguna).


Esa era la tierra de los huchitíes.

RRS