Hay cosas que uno pasa sin ver, desatento.
Incluso si uno las observa parecen exentas de significado, huecas y muertas.
Nada más falso. Miren si no.
Estos son los restos del fruto de una pitaya agria. Evidentemente no fue consumida por un ser humano.
¿Quién se lo comió?
Sepa la bola.
Lo que me impresiona es que en esa "huequez" haya tanta vida.
Me explico.
Es casi cierto que un pajarito-pajarraco llegó, la picoteó y se zampó buena parte del fruto.
Es casi cierto que luego llegaron avispas a libar y chupar de su azúcar.
Es casi cierto que llegaron hormigas tragaldabas a llevarse cachitos de pulpa y, tal vez, alguna semilla.
Cabe la posibilidad de que un ratoncito de campo llegase a mordisquearla (lo dudo, la abertura era pequeña, pero, a la mejor, era un ratoncititito).
Lo cierto es que comérsela fue bueno para ellos y, en esencia, también para "ella".
Y eso es porque, cabe la posibilidad, de que la popó del pajarraco-ratón haya dado lugar a una nueva pitaya.
También cabe la posibilidad de que las hormigas, al enterrar una semilla, hayan dado lugar a una nueva pitaya.
Pero, la neta, la neta, es que las avispas si son bien gorronas.
Y ya.
RRS

