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7/6/14

Complacencias X. Flores de Garambullo.

Hace mucho tiempo que no hago complacencias, aunque en realidad eso también es porque he escrito muy poco.


El caso es que hace algunos años hice una complacencia cuyo tema eran los garambullos.

En ese entonces Carmen me hizo la observación de que se extrañaban las fotos de las flores, y así era. Apenas ahora, en semana santa, se me hizo conocerlas y fotografiarlas. Tuvieron que pasar cinco años para encontrarlas.

Este cacto tiene un aspecto curioso, ya que los ejemplares maduros desarrollan esas espinas largas y grises en la parte superior. Lo interesante es que ahora leo que esa es la parte madura del organismo, y por ello es la que produce flores y frutos.

Pero para ver más fotos de la planta completa, les pediré que vayan a ver las que presenté en ese entonces (aquí), porque se me hace chafa andarlas repitiendo. Aunque la verdad es que en esta ocasión, por la emoción y falta de tiempo, olvidé fotografiar las plantas enteras.
 
Ahora paso a presentarles una selección de las fotos de las flores.







Ahora de los frutos, todos verdes excepto el último, que me encontré en el suelo y que algún animalejo ya se había comido. Yo sigo sin probarlos.






Ya por último, otras vistas, para que aprecien la densidad de la floración y fructificación.



Las fotografías las tomé en las cercanías de la Misión de San Javier, que está a 35 kilómetros de Loreto, pero la especie se distribuye en casi todo el estado de Baja California Sur.
 
Bien, espero que las fotos les hayan gustado. Por mi parte diré que a mí me parece una de las flores más delicadas que me ha tocado ver.

Saludos.

RRS

18/10/08

Letreros-I


Tengo la idea de que los letreros ilustran parte de lo que es la idiosincrasia de las personas que habitan un lugar.

En ese sentido, pienso que Baja California Sur es un estado muy ambiguo. Aproximadamente el 75% de su población es "urbana". En realidad creo que esa casi es la estadística nacional, así que no tendría que llamar mucho la atención.

Quizás la diferencia que percibo la hacen las grandes distancias que deben viajarse para trasladarse de una "urbe" a otra. Veámoslo en números.

La ciudad más grande de BCS (La Paz) es de alrededor de doscientos mil habitantes. Uno ha de viajar alrededor de 150 km para llegar, en el sur, al siguiente núcleo de población que es el corredor San José del Cabo-Cabo San Lucas. Hacia el norte tendrán que viajarse como 210 kilómetros para llegar al tercer núcleo, que es Ciudad Constitución. Esas tres "urbes" suman el 70% de la población del estado.

Si se piensa que por la carretera transpeninsular el estado mide casi 1000 kilómetros, parece claro que hay muchos "huecotes".

Podría concluirse que, siendo un estado urbano, está dominado por sus grandes espacios.

Es de los letreros humildes de los grandes espacios sobre lo que trata este capítulo.

El primero es la invitación al baile de fin de año que estaba en la cancha de San Javier. Poblado diminuto enclavado en la Sierra "La Giganta", que posee una de las dos misiones jesuitas intactas de BCS.

Este me lo encontré en el poblado de "El Triunfo", en ocasión de un festival que se organizó ahí. Me gustó su carácter bilingüe.

Letrero carretero que anuncia un gran bailongo.

Ese caserío es "Divisaderos", lugar en el que se realizó el baile del letrero anterior.

Y aquí, en la cancha de basquetbol de la comunidad, al igual que en San Javier, es donde se hacen los bailes. 

A mi eso se me hace increíble, ya que la barda la pusieron tan pegada a la cancha que, en realidad, la música debe oírse igual adentro que afuera ¿qué sentido tendrá pagar por estar más amontonado? Bueno, quizás sea para no ensuciarse los zapatos.

Y abajo propaganda rural. Me gustan sus ilustraciones. En BCS suele escucharse que dicen "Captus" y no "Cactus" o "Cactos". 

Nombres de ranchos.



Una de las cosas que me resultan más sorprendentes de las terracerías de BCS es lo que ocurre al llegar a una bifurcación. 

Uno espera que en esos casos haya un letrero que indique el lugar al que se llegará por cada uno de los caminos. Pues bien, acá no es raro que sólo se proporcione esa información para uno de los ramales.

No se ustedes, pero mi conclusión es que aquí uno debe de saber bien adonde va. Es decir, si usted no va a "El Ciruelito", pues va al otro lugar. Y si no sabe cuál es el otro lugar pues ¿qué anda haciendo ahí? Es como decir: "Mejor Regrésese ¿no?"

Desde mi punto de vista las ramificaciones existenciales de esa forma de pensar son increíbles. 

En la fotografía de abajo el camino que va hacia la derecha los llevará a "El Ciruelito", para el otro, hay que "saber".

Además pasa a ser que los letreros se vuelven tímidos en época de lluvias.

En realidad lo que escribí arriba es engañoso, ya que también podemos encontrarnos con letreros ilegibles.

O con letreros que parecen decirnos algo así como "¡Vas bien! ¡No te apures!" Pero poco más.

Pero mis favoritos son los que siguen.

En el primero un cardón me hace el alto, mientras el otro me indica con claridad el rumbo que he de seguir. 

El que sigue es deliciosamente absurdo en su contexto, ya que no hay otra que seguir hacia donde apunta la flecha. Quizás, como en el caso de la flecha amarilla, sea una simple señal de aliento, o bien grafiti rural.

El último se encuentra en la plaza que está enfrente del Palacio Municipal de Loreto. Es el lugar en que bolean zapatos. La fotografía la tomé un diciembre, ocho meses después seguía ahí. Supongo que también el problema.

A mi modo de ver lo que son las terracerías, los cauces y los letreros determinan mucho de lo que es Sudcalifornia. 

No ignoro que hay muchos más factores, pero para disfrutarla y aspirar a entenderla, es menester habituarse a esa suerte de trilogía.

RRS

19/3/08

Inicio





















Este oasis se encuentra Camino a San Javier, saliendo de Loreto. A un costado hay un grupo pequeño de pinturas rupestres abstractas.
Al llegar aquí, camino a San Javier, se inicia una subida pronunciada. En algunos puntos es posible ver el Golfo de California, que en realidad está muy cerca. Las vistas son bellísimas.



















San Javier es una de las dos misiones jesuitas sudcalifornianas que no han sufrido cambios desde su construcción, que data del siglo XVIII.






















En ese lugar se encuentra el que posiblemente sea el olivo más viejo de la península. Se supone que fue plantado por los Jesuitas poco después de su llegada. Es una fotografía difícil de obtener, ya que es un árbol que crece en forma tortuosa, expandiéndose y retorciéndose en forma increíble.

RRS